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Cómo superar la autoexigencia extrema y disfrutar de tus interpretaciones

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¿Por qué hoy en día sufrimos tanto por autoexigencia?

Las disciplinas artísticas como la música, la danza o el teatro cuentan con los índices más altos de problemas por autoexigencia. Es algo que todos los que hemos pasado por conservatorios y centros de formación hemos experimentado alguna vez.

El año pasado escribí un artículo bastante extenso en la revista Melómano hablando de por qué hemos llegado a esta situación, pero lo he rescatado porque en breve publicaré una entrevista con una psicóloga especialista en este tema. Y entre las cosas de las que me habló se encontraba este tema tan peliagudo como escurridizo.

En honor a la verdad tengo que decir que la autoexigencia en sí misma no es algo malo ni negativo. De hecho, ser cuidadoso, perfeccionista, detallista o como lo quieras llamar, es una cualidad que te llevará lejos si sabes mantenerla en equilibrio. Y es el resultado natural de estar alineado y comprometido con tu propósito como artista. El problema viene cuando la autoexigencia no nace del interés por mejorar, sino que nace como medida de compensación de tus miedos e inseguridades.

Muchos clientes me dicen que todo se debe a la incertidumbre de sus vidas: que no llevan nada bien el hecho de tener que estar haciendo audiciones constantemente o no saber el dinero que van a cobrar a final de mes. Y sí, es cierto, esa incertidumbre nos moviliza a todos, pero no tiene por qué generar autoexigencia. He trabajado con artistas que tienen plazas fijas en orquesta y siguen sufriendo por este tema.

Entonces, ¿de dónde nace la autoexigencia extrema?

Realmente, las causas de la exigencia dañina están basadas en una inseguridad personal, y como en tantas áreas del conocimiento humano, hay varias causas que la pueden estar provocando.

  •  Baja autoestima.
  • Falta de confianza en tus capacidades y en lo que eres capaz de conseguir.
  •  Mala gestión de las expectativas.
  • Dificultades para automotivarte y liderar tu vida.

Hay algo muy llamativo en el tema de la autoexigencia extrema y es que normalmente, con el tiempo, va a más y a peor. Es algo que si no se trabaja crece con cada experiencia no satisfactoria. Muchas veces se trata de una pequeña molestia, de una mala sensación y la mayoría de artistas no le dan importancia. Lo achacan a la difultad de la obra, o que ese día no estaban al 100% pero esta pequeña forma de autoengaño es el mejor caldo de cultivo para este virus invisible.

Además, empieza a generarse un diálogo interno nocivo, y te empiezas a decir las cosas de manera despectiva: vaya mierda de pasaje, así no voy a llegar lejos nunca, etc. Por eso es muy importante estar atento a estas señales para que no lleguen a niveles tan extremos que arruinen una interpretación.

¿Cómo transitar hacia la autoexigencia saludable?

Como decía antes, las sensaciones  son el mejor indicador para detectar la autoexigencia destructiva. Y en este caso tienen que venir acompañadas de concentración y poder. Sé que para muchas personas la concentración es sinónimo de tensión y estrés, por eso es muy importante que aprendas a regularla, para que puedes rendir al máximo sin comprometer tus músculos ni tu bienestar. Y por otro lado está la sensación de poder, de que estás al mando de tus recursos, y por tanto diriges conscientemente tus aprendizajes. Esta es la mejor forma de no caer en el error de estudiar bajo la presión de la exigencia. 

Por otro lado, al terminar tu actuación o estudio, tiene que haber cabida para la celebración y el balance. Esto es realmente la solución a ese diálogo interno destructivo que veíamos antes. Porque si eres capaz de celebrar y disfrutar el trabajo bien hecho habrás acabado con la autoexigencia nociva. Tienes que ser capaz de hacer tu propia crítica sin debacles emocionales, siendo muy consciente de lo que has conseguido  y lo que no, y por tanto, cuánto has podido crecer en esa experiencia. Porque ese es el mejor motivo de la celebración 😉

Y el último punto que puedes verificar es que tus objetivos sean asequibles, que al marcarlos en tu agenda sientas que puedes conseguirlos de manera fácil. Esta parte es la que tiene que conecta directamente con la  gestión de las expectativas, y es que muchas veces pensamos que podemos hacerlo todo a la vez, o simplemente no pensamos en la organización y vamos haciendo las cosas de manera improvisada y como apagando fuegos.  Pronto te dejaré un artículo sobre cómo hacerlo, pero mientras puedes dejarme en comentarios  tus dudas.

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